Se acabó. Con sus ojos bondadosos y su aire de chamán rastafari en estado de nirvana, nos deja. Nos deja el míster, el campeón, pero sobre todo... nos deja el hombre. Un gran hombre. Hoy aún planea el nombre de Johan por Can Barça. Y probablemente lo hará por siempre. Pero hubo OTRO GRANDE en el Camp Nou y es necesario darle el valor que se le debe.
Como se lo dio la afición el pasado domingo. Ese domingo en que sus pupilos, la mayoría niños mimados en vez de hombres, lo traicionaron para amargarle la despedida. Qué poco orgullo. Qué poco cariño. Cuánto egoísmo...
En su contra poco podemos decir. El peor de sus defectos fue depositar su confianza en los demás. Porque para Frank todo el mundo es como él y merece respeto y oportunidades. Pero el les ha dado demasiadas. Y así, cual cigarras, la mejor plantilla del mundo se ha visto superada, y con creces, por segundo año consecutivo, por unas cuantas hormigas blancas.
Pero Franki, ellos no son como tú. Ni siquiera creo que tú de jugador hayas sido como lo eres ahora. Al menos no te recuerdo tan elegante. Te recuerdo ganando las Copas de Europa con el Milán, con tu selección. Con ese bigotito que llevabas y bastante más mala ostia. Pero eran otros tiempos. Y no era el tiempo de las cigarras. Y mucho menos el lugar. Tal vez ahora vuelvas a tu casa Frank.
Seguramente hayas aprendido muchas cosas. Tantas como las que otros no quisieron aprender. No te quisieron escuchar. Pero tú los defendiste. A muerte. Hasta el final. Y no se lo merecían. Pero tú eres así. Y da gusto que haya gente como tú. Y es un honor teneros cerca.
Pero te equivocaste. Y no soy yo el que te juzga, sino los resultados. Lo que finalmente se ha visto. Como también pudiste equivocarte en el planteamiento de algún partido o de los cambios. Pero todos nos equivocamos. Y esa es la diferencia entre perder y hacer el ridículo. El que actúa, erra. El que no está, jamás fallará. Pero tampoco la va a meter esta noche para que ganemos.
Siempre has estado ahí. Con las hormigas y las cigarras. Defendiendo a amigos y enemigos. Llevando los palos con la mayor de las valentías. Tapando a tus "amigos" como un gran portero tapa toda la portería. Pero al final se te ha colado el balón. Y te han marcado gol. Porque detrás de ti no había nadie. Tú eras la última roca. La última puerta. El último obstáculo.
Hoy los que una vez dijeron que esta sería tu casa hasta que quisieses marcharte, te señalan la salida con el dedo. Porque no tienen palabra. Porque no se atrevieron a decidir. Porque tiene que haber un culpable y tiene que rodar una cabeza.
Eres demasiado bueno Frank. Te queremos por eso, pero no creo que te ayude demasiado. Seguramente si fueses un Mourinho de la vida te iría mejor. Si les hubieses dado caña tal vez hoy estaríamos levantando otro título. O tal vez no. Siempre habrá tiempo para ganar de nuevo.
Pero no hay más tiempo para ti, amigo Frank. Y eso duele más.
Porque a pesar de los goles, los rivales, la prensa, los mundiales, los fichajes, las eliminatorias, las debacles y los triunfos, el elemento fundamental de este deporte somos las personas. Y pocas como tú.
Adeu Frank
y gracies per estar al Barça!
Hasta siempre amigo.
martes, 13 de mayo de 2008
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