lunes, 20 de octubre de 2008

Murió el gato

Menos mal que no era mi gata. Menos mal.

Me fui a tomar las garimbas con el Dení, que ya era hora de que saliera de la cueva (yo). Y después de un largo día, lleno de cosas que claman al lobo... que darían cada una para ríos de tinta... Va y se muere el gato.

Salimos del bar y me voy a mear. A un callejón. Cuántos gatos. Bueno, un par. Acabo y los veo, parecen los padres de Lía. Sólo que la madre de Lía era siamesa de las de toda la vida, o eso dicen... Esta (o éste) era blanca (o blanco). Y el otro (o la otra) era blanco-amarillo (o blanca-amarilla), rayadoo ( o rayada). Casi como la Lía. Parecían sus padres. Y el amarillo-blanco se rebozaba en la acera, divirtiéndose como los humanos hemos olvidado. Y me quedo observando. Y llamo a Denís. "Mira, Denís...). Pero al rato no parece divertirse tanto. Nadita. Al principio respiraba muy ffuerte. El pecho arriba y abajo. El gato como un globo. Pero mi gata también lo hace, muchas veces. Creo que es el celo, o las pastillas, sabe dios...

Pero en un momento hace un ruidillo, como cuando Lía tose. Y luego para. Y no me doy cuenta. No quiero. Y Denís me dice "ya no respira". Y es verdad. Ya no respira el pobre gato. Y yo que creía que se estaba divirtiendo. Sabe dios. Me ahorraré algunos detalles, no sé. Pero murió. Seguro. Y luego me alejé un poco y la otra gata (o gato) se acercó (al cadáver). Y nos fuimos.

Y no sé.

No hay comentarios: