lunes, 9 de abril de 2007

Caranza Beach

En un lugar llamado Caranza Beach...

Un domingo por la tarde que en verdad era un lunes. Un lunes a la sombra, cual domingo. La semana santa de los fieles terminaba y daba paso a la de los infieles. A una de tantas. Tantas semanas santas de madrugones y de responsabilidades. El tiempo del pecado tocaba a su fin y apenas si habíamos pecado contra algo que no hubiera sido contra nosotros mismos. Parece que nos encontramos en un terrible período de decadencia que bien podría ser llamado "la gran depresión" si los buenos de los yankis no la hubieran inventado ya. Nadie como ellos para eso. En fin... A ver cómo va esto de los blogs. Me comunicaré aunque sea con la pantalla. Joder.

Dentro de esta decadencia generalizada últimamente me he dedicado a la vida fiestero-contemplativa. Ésto es, pasar las vacaciones viviendo de noche y durmiendo de día, maltratando el hígado y los pulmones y viendo spaghetti westerns a partes desiguales. Mucho más lo primero, por supuesto.

Y en esas circunstancias he encontrado en los spaghetti westerns un ejemplo de lo que nos ocurre a algunos de mi generación en este rincón llamado Cimmeria. Y ala, a deleitarme en el visionado de pelis hechas hace treinta o cuarenta años con un puñado de dolares y no demasiadas pretensiones. Y mira tú, que al final sí que era cierto que la gran mayoría de estas numerosísimas producciones eran bastante fuleras. Pero una gran minoría de ellas no sólo deben considerarse, sino que merecen tenerlas como obras de referencia histórica para comprender sin leer demasiado el funcionamiento del dinero y su clara relación con la muerte y el poder de darla. Su particular relación de amor psicópata, como en Asesinos Natos. El chico y la chica arrasando allá por donde pasan porque una vez les hicieron daño y/o porque descubrieron que eran poderosos.

Qué bella danza de muerte, como le suelen llamar los críticos de cine aficionados con ansias poéticas (como yo) que fue "Hasta que llegó su hora". De pequeño había visto las tres pelis de Clint Eastwood y eran unas de mis favoritas. Tenía grabadas "La muerte tenía un precio" y "El bueno, el feo y el malo" en sendas cintas super regrabadas de VHS y eran una gozada, aunque no comprendieras todo todo lo que había detrás de los ojos de esos que morían y mataban en la pantalla. De pequeño la muerte no parecía tan seria. Una danza de muerte para aquel niño era una danza. Una danza hermosa, cruel, pero una danza. Hoy en día una danza de muerte es eso, una danza de muerte. Parece (y rezo por ello) que vamos por el buen camino, empezamos a ver claridades en esta oscuridad. Quiero decir una danza, pero de muerte.

Esa puta vestida de negro que no se sabe en qué esquina trabaja. Esa puta bailando y los ojos de Eli Wallach clavados en su nuca. Miedo da hasta a los que no la temen. El malote de Henry Fonda no la tenía, en verdad era el puto Demonio, pero se cagó por las bragas mirándole a los ojos a Charles Bronson. Henry era el diablo, sí, el jodido espíritu del mal que todo odia y todo pervierte, es decir, el Hombre. Y Charlie era la puta Muerte, el único malo sincero de todas las puñeteras pelis de vaqueros y de gangsters, y de abogados, y de comedias, y musicales, y de todo el puto mundo de dentro y de fuera de la pantalla, de dentro y de fuera de América, de dentro y de fuera de todo cristo viviente.

En fin, fantasmeo mucho diciéndolo, pero creo que la última escena de "Hasta que llegó su hora", también llamada originalmente "Érase una vez en el Oeste", es mi idealización del encuentro de un hombre con su terrible enemiga. Enemiga sin la cual su vida no tendría sentido. La muerte no es el antónimo de la vida, sino el motor de otras vidas.

Bueno el que haya leído hasta aquí (hasta me hace gracia saber que hasta aquí sólo he leído yo), que no me eche la culpa de nada, pues ya avisé que hoy es domingo por la tarde. O lunes. Y cuándo fue bueno un domingo...? y cuándo fue bueno un lunes...?

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Todo empezó buscando quién sabe qué extraño spaghetti western en la red. Año, director, actores... Si al final no voy a ver ni la mitad de la mitad, pero bueno... Y en esto un blog. Un blog, sí, una cosa desas que me dijo el bueno de Paco, buen amigo de mi buen amigo y primo Pablo, una de esas cosas donde escribir y la gente lo ve y lo comenta y habla y se comunica y no le hace falta un birra en la mano y un truja en la otra para hacerlo. Bueno eso último no lo dijo él, lo dije yo mismo. Y cuando me oí esto último me dije: "el sitio ideal para mí, que siempre me comunico sin garimba ni truja en la mano". Y es que cuando los tengo poco me comunico, y como casi siempre los tengo... Es todo una exageración que amenaza con hacerme doler la cabeza. Voy a escribir un punto y aparte que me estoy agobiando.

Pues eso, que buscaba un spaghetti (a qué tiempos de miseria y hambruna hemos llegado), y me encuetro un blog desos de un tío que habla de las mejores pelis del oeste para él. Y no se contenta el tío con no incluir una de Sergio Leone, en cuyo caso enfadarse o discrepar hubiera sido propio de un fanático (como yo), pero es que además el jambo lo menciona a posta para quemarlo, para llamarle cutre y cansino. Todo porque dice que una vez sentado en su sillón y habiendo alquilado "Érase una vez en América" en dos cintas de VHS porque en una no cabía (o en dos DVDs, no lo recuerdo, pero tampoco cabía mira tú el avance) empieza a ver la escena en que empieza a sonar un teléfono y el Leone va y lo deja sonar una y otra vez ring ring ring, una y otra vez ringrinring mientras poco a poco la cámara se va alejando poco a poco... poco a poco... En fin, típico gesto de cámara (como dicen los expertos "travellin") de Sergio que pretende, supongo, dar emoción y dar que pensar en el teléfono, en la llamada, en el que llama , en el que coge el teléfono, si lo coge, si no lo coge, por qué lo coge, por qué no lo coge... en fin, dar, da tiempo a pensar. Pues no va el tío y se quita la cinta desesperado y va a devolverla al videoclub.

Puedo llegar a comprenderlo, la verdad, pero es que me gustan tanto las pelis de Leone y me estoy dando cuenta que soy tan friki, que tuve que vomitar toda mi ira por atentar contra mi ídolo.

Y aquí pongo todo lo que le vomité y me piro a duchar (bien) y a comer (mejor) porque por extraño que parezca me piro pa Caranza Beach. Quién lo hubiera imaginado hace media hora cuando así titulé el blog sin saber que, casualidades de la vida o danza de muerte, hoy mis huesos acabarían allí.

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Cometieron dos errores…

Me parece mentira que la razón de vuestras palabras cuando dicen que hay westerns mejores que las pelis de Bergman y demás directores "cultos", acabe por convertirse en la sinrazón de calificar de cutre al spaghetti western de Sergio Leone. Los pecados que reclamáis en la primera frase, la vanidad y el narcisismo de los que creen que lo suyo es lo mejor, son vuestros pecados en la segunda.

En serio, consideráis mejor eses cientos de calcos de película de héroe superbueno y divinamente justo que emprende cruzada contra todo lo que se le rebela, lo cual por supuesto es de una maldad diabólica, sean indios, mexicanos, cuatreros o lo que se le ocurra al héroe. Para mí todas esas pelis no son más que cuentos de hadas... por favor, los justos pegando tiros en la frente de los injustos y que vayan al cielo por ello... Sinceramente, no me lo creo, no creo en cuentos de hadas ni en héroes de papel.

No hay ni la millonésima parte de realidad en el western clásico si lo comparamos con el que decís "cutre" spaghetti western. Tal vez el Spaghetti fuese cutre, pero creo (y no puedo afirmarlo porque no he estado allí) que el Oeste de la realidad era también bastante cutre. Viendo como es en la actualidad no le queda más remedio a uno que pensar eso.

Durante mis años de vida nunca me encontrado a un John Wayne dispuesto a dar su pellejo por las injusticias (lo de dar su pellejo es un decir, porque es tan tremendamente bueno en lo suyo que ni el mismo diablo podría hacerle un rasguño al cabrón). Pero abofé que sí me he encontrado a cientos de Buenos, de Feos y de Malos, de tabernas cutres y de forajidos mal nacidos sin la mitad de los dientes y con pinta de forajidos. Pero si vivo rodeado de ellos! y no vivo precisamente en la frontera.

Por otro lado, supongo que hay mentes veloces para las que la que esperar a que cojan el teléfono al señor Leone puede ser un ejercicio de paciencia semejante al de los monjes shaolin allá en su templo. Me pregunto si las personas de mentes tan ávidas no tendrán demasiada prisa por ver cómo el bueno de Johny coge de una puñetera vez su fusil y se carga a todos esos puercos forajidos sin alma y sin perdón...

Por mi parte, no me importa esperar unos minutos por ver al fin cual de los dos puercos da la primera mordida para acabar de una sola vez y para siempre con el aliento del otro. Del otro animal despiadado y carnívoro que dícese que una vez fue un niño triste y solitario que vio cosas que jamás debería haber visto.

Al fin y al cabo llevo esperando y entrenando toda mi vida para venir a vengar junto al mismísimo Satanás los pecados de Sus Hijos. No tengo prisa.

No he venido a jugar al póker ni a beber güiski. He venido a matar a un hombre. A uno que debe morir, como hice yo una vez hace mucho tiempo ante su pálida mirada.

La Muerte no es cosa que se deba tomar con prisa. Más que nada porque La Prisa jamás es buena consejera de La Eternidad.

Y el que esté libre de pecado, que tire la primera bala...

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