Ay mama mía. Han pasado unos cuantos días y te tengo abandonado, Caranzeiro. Poco ha cambiado el mundo. Lo más notable que me ha ocurrido (de lo bueno) ha sido ver a Maradona de nuevo por los campos haciendo de las suyas. Disfrazado de chaval de 19 años y haciéndose llamar Lionel Messi.
Lo más notable de lo malo tiene mucho que ver con aquello que creía preferir no ver, pero que ví. Ahora no sé si lo que oí lo hubiera preferido oír o no. Pero da igual. Da lo mismo preferirlo o no. Lo oyes y ya está. Y te suena de algo. De mucho. La historia de siempre. Palabras tal vez inapropiadas me llegan a la mente. “Traición” rebota dentro de mi vacío cráneo. Realmente… ¿me importa? Claro que me importa. Ojalá no me importara.
Si no me importara, hace tiempo todo hubiera cambiado… o tal vez no. Es lo mismo. Como dijo el yugoslavo “fútbol es fútbol”. Y podemos hablar de mil equipos, millones de jugadores, jugadas, goles, partidos, faltas, penaltis, tarjetas y lo que nos salga de dentro. Podemos especular cual diario deportivo en jornadas estivales. Cuando la información brilla por su ausencia los rumores toman presencia. Pero fútbol es fútbol. Y ya está.
Hay gente que oye voces. Voces que les dicen cosas. Voces que les piden cosas. Que les mandan cosas…
Yo oigo rumores. Voces lejanas distorsionadas por el eco de arroyos que sólo existen en mi mente. Arroyos que conozco tan poco como los que, no tan lejos, se extienden a mi alrededor. Vaya mierda. Si al menos oyera voces…
Tal vez no las escucharía, pero sería tranquilizador. La poca fortuna de los rematadamente locos es que los comerá antes su locura que su soledad, porque ellos, como el Liverpool, “never walk alone”.
“Alone” no es andar un tío por ahí sin compañía ninguna, atravesando desiertos silenciosos de arenas movedizas con ganas de estarse quietas. “Alone” no es un niño olvidado por sus padres en navidad que pone trampas a los cacos que quieren entrar a su casa, a robar y a sabe dios qué otros oscuros fines. “Alone” no es un puretas que le da por pensar a mazo y comer bayas del bosque mientras reflexiona para dar sentido a una existencia carente de sentid de por sí.
“Alone” es otra cosa. Es lo que uno está cuando pierde. No un partido ni dos. No un billete ni tres. No un amigo ni cuatro. “Alone” es perderlo todo. Aunque no hayas perdido nada. Supongo que es perder el “norte”. Aunque seas del sur…
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Las sorpresas de ahora no son como las de antes. Parece como si hoy en día sólo te sorprendas de que te rajen el cuello o de que te caigas por la ventana. ¿Qué fue de las viejas sorpresas que te daba la vida cuando ni tan siquiera estabas preparado para saborearlas? Ahora que lo estás, moñas, saboreas sólo la putrefacción de tus caries.
Pero "everything gonna be alright" como dicen las canciones y "dont worry be hapy" como cantan los mamones. Alma mía del divino firmamento, esto no es un blog, es una puta paranoya.
Para entender una obra abstracta hay que ser, como mínimo, tan gilipollas como su creador. Y aun siéndolo tanto, es difícil que los gilipollas se entiendan entre sí.
Ésto no es abstracto, ni yo gilipollas. Ni el fútbol es fútbol, no te jode... Lo soy como el que más. Pero distinto. Ni mejor ni peor (ya me jodería que nos examinaran a los gilis). En fin, cuando no hay nada en la botella, es inútil inclinarla sobre el vaso, ¿no?
Mejor inclínala sobre la boca, echa la cabeza hacia atrás, que para cuando te des cuenta que ningún néctar divino baja hacia tus entrañas, gilipollas, cuando te des cuenta, ya estarás borracho. O ebrio. O morao. O patrás. O pacuenca. O como le guste decir a cada gili.
A mi me gustan las botellas llenas. Me gusta el fútbol y las nenas. Y también me gusta marcharme diciendo "hola buenas". Y bien buenas...
No cumplí 26.
viernes, 27 de abril de 2007
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