martes, 10 de abril de 2007

Y el martes llegó el lunes...

Llegó. Y no me quería levantar a la mañana. Pero me levanté. "Amanece que no es poco".

No sé, parece como si la vida misma tratase de mostrarme el camino. Hoy he visto cosas que creí que era mejor no ver. Pero ya no estoy tan seguro. Tal vez fue bueno verlas. No sé como, porque eran horribles, pero quizá fue bueno. Quizá necesario. Quizá imprescindible. Miro el reloj ausente de mi muñeca y me doy cuenta de que poquito a poquito ha pasado ya demasiado tiempo. Demasiado. Las últimas cadenas se han roto. Los últimos eslabones que amarraban con soldadura el incierto futuro al lejano y feliz pasado. Ya no existen.

Si lo miro por el lado bueno, por fin soy libre. Libre en esta mierda de desierto, pero libre. No sé si cambié, si debería haberlo hecho o hacerlo ahora. Algo habrá que hacer. Pero creo que el espíritu es el mismo. El mismo que aquel pibe. Venido a menos, claro, como un viejo crack fichado para deleite del equipo del pueblo. Como un viejo pistolero del área luchando en Japón por la puta pasta. O por seguir jugando... seguir siendo... sobrevivir. Pero aquí estamos. Japón sigue quedando a tiro de piedra y mañana llegará enseguida. Y pasado. Y luego viernes, eucaristía de vino y pipas de la paz. De la paz ganada. La libertad vigilada. El tedio elegido. El camino silencioso de los que se niegan a perder la razón... aunque nunca la tuvieran. Al tajo.
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No hay gana ninguna. Menos mal que dejamos atrás el gris invierno y la primavera comienza a parecerse a su primo el verano, aunque sólo sea eso, una apariencia. Me dice Lingo por sms que Hristo Stoichkov es el nuevo entrenador del Celta. Una buena noticia. Si hoy perdimos algo del pasado, algo del pasado recuperamos. Vuelve el búlgaro. Con su genio sin fin. Con sus ideas claras. Con ese carácter que nunca cambia. Me alegro mucho de que vuelva. A ver si es verdad.

Y es que el de Plovdiv se parece mucho a mis "ídolos". Y lo dice uno que no los tiene. No lo llamaría ni admiración. Más bien apoyo. Compañero le diría yo. Aunque no nos parezcamos en casi nada (o en casi todo, qué se yo). Sólo sé que muere y mata por sus colores y que odia a muerte al enemigo. Pero es un tío capaz de tomarse las garimbas hasta con el puto diablo. Hristo es Hristo. Mucho Hristo.

En otro orden de cosas hoy ha sido un día de transición bastante rarito. Por lo menos hasta ahora. A ver cuando llegan las rarezas cundientes en forma de tetas. Eso sí que sería una rareza. Pensándolo un poco el día no ha sido tan raro (de momento). Lástima.

Pelotudo, estoy más chingado que la concha de la Obregón. Vamos no me jodas, de alguna forma hay que salir de esta maldita ratonera. Recuerdo cuando escribir me ayudaba a pensar y a aclarar las ideas. Ahora me ayuda a pensar y a embarullarlas todavía más... si cabe. Tal vez debería creer en algo. Y lo jodido es que sé en lo qué. No en Yaveh ni en Jehová. Ni siquiera en el maldito Crom. Debería creer en Mí Mismo y escribirlo en mayúsculas como ellos hace con Él. Tal vez debería actuar como si fuera una puta deidad y pudiera manejar el mundo a mi antojo. Maldita sea, los otros mortales lo hacen. Y son sólo simples mortales. ¿Qué soy yo?

Evidentemente si me clavan un cuchillo la palmaré. Y si esperamos unos cuantos años (espero que muchos) acabaré palmándola de todas todas. Es una pena. Pero no parezco darme cuenta. Obro como si la eternidad entera me estuviera esperando (pero si te está esperando, inocente...). Los sabios no tienen prisa. Yo la tengo pero no apuro.

El otro día leí lo que creo que era un proverbio de Confucio, o algo así. No sé donde lo leí, pero rezaba: "el sabio busca en sí mismo lo que el vulgo busca en los demás". Otra noche, hablando con Santiso (algún día hablaremos de él), me decía algo semejante, que tenía que buscar mi felicidad por mí mismo, sin la necesidad de la ayuda externa de nadie. Y que luego todo caería sobre su propio peso. Así le había ocurrido a él.

No creo en demasiadas cosas y sí en el fruto de las casualidades, pero hay algo en la vida, algo misterioso. Algunas conexiones extrañas entre pensamientos, palabras y situaciones que parecen estar manejadas subterránea y maliciosamente por sabe dios qué oscura (o clara)fuerza extraña. Tal vez (y quizá sea lo más probable) son simples interpretaciones de la mente, que busca acertijos, consejos y experiencias hasta donde no las hay. Pero hay algo raro en todo ello. Da que pensar...

En fin, para terminar por hoy iré al Chimarrao, por variar, donde me tomaré un par de garimbas, por variar, a ver el fútbol, por hacer algo nuevo. Hasta mañana.

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