Pues sí, Daniel, pues sí. Me mandabas un mensaje ayer de noche, tras ser el único e ilustre lector del Caranzeiro (aparte del más ilustre, usea yo) diciéndome que tengo la autoestima por los suelos. Y la verdad, si así fuera, no dudaría en agacharme y recogerla... Y tal vez sea lo único que tenga que hacer, doblar mi últimamente maltratada columna y echar una de mis dos poderosas manos (no preguntes por qué ten poderosas) y agarrarla de nuevo (la autoestima, guarro). Y dar gracias por tener espalda, un par de manos y otro par de otras cosas... De huevos, coño. Y no hace falta nada más.
Es fácil mirar atrás cuando delante no hay nada. Y no me malinterpretes, pero comienzo a creer que en este sendero que hemos elegido, no sé si por comodidad o por puro vicio, no hay NADA. Nada que contar ni nada que añadir a lo que fue contado una y mil veces. A lo que fue añadido cientos de veces más. A ver, me parto la goma, el gominolo, la caja y algo más todos los findes de risas que me hecho de pendejos borrachos que somos. Y el descojone siempre es de órdago. Pero insuficiente. Cuestión de inconformismo...
Del cielo llueva agua cuando me canso del sol y que salga el sol cuando esté jarto de agua, y así siempre deseo y ando en busca de lo que no tengo, en lugar de disfrutar de lo que tengo. Tal vez sea necesario que sobreviva a un accidente aéreo o que me abduzcan unas marcianas estilo "cachondas ferrolanas MUY dispuestas a comérmela". Entonces puede que nazca de nuevo y le de el valor a las cosas en la justa medida, en lugar de agrandar aquello de lo que carezco y empequeñecer aquello de lo que dispongo (y no empecemos con obscenidades, por favor). Joder, qué bien hablo...
Cuando tenía amor, cariño, afecto... en definitiva, cuando tenía parienta, mis cabezas no hacían otra cosa que pensar en hacer lo que hago ahora. En ser libre para hacer, beber, fumar, besar, foder o mandar a la mierda a quien haga falta. Y no veas cómo era esa sensación. Que me quedaba en casa un viernes pro-parienta viendo una peli... pues ahí estaba mi cerebelo, el cual, en un pacto mafioso con el hipotálamo (que no sé lo que es, pero que me suena sexual-prostático de cojones) calentándome la cabeza y diciçendome: "Tomi, sal y tájate... que hoy es viernes... que luego llega el lunes... tájate Tomi". Y al final, la mayoría de las veces, les hacía caso. Mandaba a la parien pa casa (no sin la natural reprimenda parental, la cual ahora recuerdo con añoranza) y me iba y me tajaba. Y así mil veces. Resultado = 0 (cero). Que por qué? Pues porque todas esas risas de todas esas noches se fueron con la salida del sol, para no volver. Y aquí estoy yo.
Yo, dispuesto a seguir riendo, bebiendo y olvidando, tajando y recordando tiempos en que no sabía si bajaría o no... pero alguien sí lo sabía. Y bajé. Ya ves si bajé.
Por bajar ya no sé ni en qué división estoy. Preferente diría, si tuviera preferencia. Pero es que si te digo la verdad, ni preferencias tengo, oye: rubias, morenas, chinas, negras, guapas, feas... Y si no sabes lo que quieres, difícilmente lo puedes coger, o pedir. En otras cuestiones lo tengo bastante más claro: "Un Barceló con Cola, Belén...".
Asina de sencillo fuera todo, ein? Ala, a cascarla.
jueves, 13 de marzo de 2008
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