No sé cómo definir el devenir de los acontecimientos. Demasiadas cosas que contar pero pocas reseñables. Parece mentira la cantidad de dedicación que puede otorgar mi coco a una cosa, y lo rápido y fácil que cambia de tercio. Si el Tai Chi, el footing y la vida sana se iban a imponer, tuvo que llegar Ortigueira...
Ah, Ortigueira, paríso de sensaciones, conglomerado de gentes y símbolo del buen rollo, de la socialización y a la vez del encierro del atrapao. Un teclado me llevé. El pobre llevaba toda la vida entre 4 paredes y delante de una pantalla. Ya era hora de que viviera un poco...
Debería aprender de mis propias palabras. Ahora las teclas de ese viejo amigo están repartidas por la geografía gallega, y quién sabe si la española...
Vivió como un solitario, pero murió en conjunción con el mundo.
Esperemos no tener que morir para ver el puto teatro mágico.
viernes, 13 de julio de 2007
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