lunes, 16 de julio de 2007

De vuelta a la realidad

... Vaya finde. Definitivamente el mundocelta mató más neuronas de las esperadas... y no se esperaban pocas, la verdad... Esto de los puntos suspensivos es un vicio...

Y otras cosas ni te cuento...

Dicen que decia un sabio anónimo "para un viaje... cualquier maleta...". Otro sabio conocido, recién elevado desde la categoría de maestro hasta la de dios cimmerio reencarnado, siempre dice "en tiempo de guerra cualquier agujero es trinchera...".

El verdadero problema, el quid de la cuestión, no es si la maleta o la trinchera es la adecuada, sino el hecho de tambalearse de lado a lado en un campo de minas, con tanto arte, con tanta alegría, que las bombas y las balas que soplan en tus orejas se confunden con la música del garito, sí esa música que ni escuchaste...

Las maletas son para los viajes. Las trincheras pa las batallas. Los puntos suspensivos para divertirse. Y los litros de alcohol para hacer más corta e intensa la vida...

¿Pero qué vida?

Llegado el punto en que la intoxicación de atómos te vuelve invulnerable a los efectos secundarios de las bombas atómicas... Habiendo sobrevivido a bombardeos que, comparados con el de la playa de Omaha, podrían más bien llamarse apocalipsis... Teniendo aguantado lo que tenemos aguantado... se nos antoja bastante triste la idea de la paz mundial.

Porque si algo nos caracteriza es ese no enterarnos de nada, piedra filosofal de nuestra supervivencia mental.

Pero ahora que lo pienso...

Las supervivencias siempre se dan en verano, bajo los pálidos rayos de una lúna abrasadora. Y bajo los efectos secundarios del cobalto G.

Bomba aquí, bomba allá, ráfaga por acá, comando orco por acolá... y en el medio de todo el ajetreo, unos pocos locos, inconscientes del peligro, tambaleándose de lado a lado agarrados a un cubata de 800 pesetas y regateando a la muerte, sin darse cuenta, hasta bien entrado el amanecer...

Puntos suspensivos...

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