Uno no ha batallado en Venarium, no ha recorrido luego Mordor sin otra cosa que llevarse a la boca que restos de orco podrido, para volver a cometer los mismos errores...
Cierto es que no ha nada más aburrido para un guerrero ni para un bardo, que el tiempo de paz, pues en él se olvida el amargo pero vicioso sabor de la sangre. Pero en embaucarse en una guerra como las de antaño, larga, duradera, con cientos de batallas... pues la verdad, tampoco es tan divertido.
Qué mejor que las refriegas aquí, los disturbios allí, las masacres gratuitas más allá, para un trobador pendenciero como yo... Aunque en el fragor de la batalla uno no pueda rematar a sus víctimas porque sus nublados ojos piden clemencia, o exigen una muerte digna... tan llenos de poesía...
Un guerrero curtido en mil batallas no dudaría ni un instante en hendir la espada sobre su vícitma, pero a un bardo como yo me trae demasiados recuerdos del dolor de las grandes guerras.
Por eso tengo... dudas razonables...
martes, 14 de agosto de 2007
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