Ay, la vida... Ocurre que cuando los goleadores pasan una crisis durante la que no marcan un puto gol, sólo hay una manera de acabar con esa maldición. Y es precisamente marcando. Y una vez que marques el primero, parece que la portería se ha ensanchado, que las piernas responden mejor y que los defensas y el portero se han vuelto cariñosos... Si antes te intimidaban, ahora eres tú el que mete miedo.
Cuestión de autoestima. Las mismas piernas, la misma estatura, la misma técnica, quizá algo más de entrega, pero sobre todo, seguridad en lugar de timidez.
No hay peor disparo a puerta que un tímido disparo sólo contra el portero. Puede entrar llorando, pero es muy difícil.
Lo que hace falta es tirar un trallo con los huevos hinchados, porque, si bien el 1º o el 2º es probable que acaben en la grada, por lo menos si el tiro va al muñeco puede meterlo pa dentro de la portería, como en Campeones.
Fútbol es fútbol, dijo Boskov.
Goles son amores, dio Manolo Escobar.
Un gran gol es siempre el 1º de muchos que te harán pichichi. No lo dudes. Me lo digo yo.
lunes, 13 de agosto de 2007
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